
Freire II
Freire 3445 se ubica en un tejido residencial de baja altura, sobre una calle que establece una relación urbana con el Parque Saavedra. La intervención parte de una pregunta: cómo incorporar un programa de vivienda colectiva al tejido sin trasladar toda su densidad a la imagen de la calle.
En lugar de construir una fachada continua sobre la línea oficial, decidimos retirar el edificio e introducir una serie de operaciones que permiten descomponer su volumen y reducir su impacto sobre el entorno inmediato.
La implantación. Descomponer el volumen
El proyecto se organiza a partir de dos cuerpos edificados, vinculados por un sistema de circulaciones abiertas que recorre el conjunto y conecta las distintas unidades. Esta separación permite introducir vacíos entre los volúmenes, mejorar las relaciones visuales y generar nuevas situaciones espaciales dentro del edificio.
La composición se construye mediante una sucesión de cajas apoyadas y desplazadas, que expresan la autonomía de los distintos cuerpos y evitan la lectura de una única masa compacta. El lenguaje volumétrico surge así de una estrategia de implantación: fragmentar para incorporar densidad sin perder la escala del barrio.
La envolvente. Una fachada aparente
Sobre el frente, un sistema de herrería y malla metálica construye una envolvente ligera que define el contacto del edificio con el espacio público. Esta segunda piel establece una mediación entre las viviendas y la calle, regulando la escala y articulando diferentes grados de exposición y privacidad. Su transparencia permite que la fachada no se perciba como un límite completamente cerrado. La sucesión de elementos metálicos construye un volumen aparente que se difumina contra el cielo.La envolvente contribuye a reducir la presencia visual de la edificación sin negar su condición urbana.
La planta baja. Continuidad con la calle
El proyecto busca construir una relación de continuidad entre el espacio público y la planta baja del edificio. Se expresa en el tratamiento del solado que se extiende hacia el interior del y se combina con jardines, superficies permeables y espacios abiertos. La vegetación introduce una condición doméstica dentro de este paisaje urbano y acompaña los recorridos de acceso y circulación. La planta baja deja de entenderse únicamente como un espacio de ingreso para convertirse en una transición entre la ciudad y los ámbitos residenciales.
Los usos. Viviendas y espacios compartidos
El programa combina viviendas, espacios de trabajo y un salón de usos múltiples.Las circulaciones abiertas vinculan estas funciones y construyen un sistema de espacios intermedios que permite relacionar las distintas unidades sin recurrir a un núcleo cerrado como único organizador. En los remates de ambos cuerpos, el proyecto aprovecha las condiciones particulares de la volumetría para incorporar una tipología pensada como casas en altura, con terrazas que funcionan como verdaderos patios privados q amplían la experiencia doméstica hacia el exterior.
La experiencia. Una arquitectura de transiciones
Desde la calle, el edificio se presenta a través de una envolvente metálica que filtra las visuales y permite reconocer, detrás de ella, una composición de volúmenes independientes. El acceso prolonga el paisaje urbano hacia una planta baja abierta, donde la estructura, los jardines y los recorridos construyen distintas situaciones espaciales.
A medida que se asciende, las circulaciones exteriores establecen nuevas relaciones entre los cuerpos del edificio, el paisaje del barrio y los espacios privados. La arquitectura se organiza como una secuencia de transiciones: de la calle al jardín, del espacio colectivo a la vivienda, y de los volúmenes construidos a las terrazas abiertas.
El proyecto explora así una manera de construir densidad residencial mediante la fragmentación volumétrica, la incorporación de espacios intermedios y una relación más permeable con su entorno.



















